viernes, 28 de febrero de 2014

Lugares para crear

Creo que nunca se me han dado bien las manualidades. En el cole era más bien chapucilla. A pesar de ello, siempre me ha atraido hacer cosillas. A los 10 u 11 años le hice un jersey de punto a mi Barbie, de rayas de dos colores por delante y liso por detrás. Hacía algo de ganchillo con mi madre y traté de hacer punto de cruz sobre una tela que no era para bordar. Puede que ese fuese mi último intento antes de la adolescencia, momento en que una ya se avergüenza de estar cosiendo en lugar de estar pintándose los ojillos. En fin...

Pero lo que más me gusta es pensar cosas para hacer y ver las cosas que hace la gente. Hace algo más de un año fue cuando de tanto mirar y mirar cosas en internet y en Pinterest sobre todo, empezaron a entrarme ganas de coser. Como tengo más tiempo de pensar que de coser, he ido comprando hilos, telas, cintas, broches, botones... y tenía todo hecho un jaleo cuando me dio por buscar en internet ideas para organizar el material de manualidades.


 Ideas de manualidades

Me he dado cuenta que cada vez más gente habla de su habitación de manualidades. Y pienso que el mundo sería más feliz si existieran más habitaciones para crear en vez de "despachos" en casa.

Feliz fin de semana!

domingo, 23 de febrero de 2014

Vendemos ficción

No hay más que echar un vistazo a facebook, egoblogs, pinterest... o casi cualquier otra red social que se preste. Todos vendemos nuestras ficciones. Mundos de color de rosa y lunares, fotos de viajes, fiestas, momentazos de nuestras vidas. Como si en la montaña rusa en la que estamos montados estuviese siempre en la subida más alta.

Nos creemos obligados a ser felices permanentemente. Y lo que es casi peor, a hacer creer a los demás que nuestra vida es lo que no es. Falta ver en todos estos lugares la peor cara de nosotros mismos. Conozco a muy poquita gente (casi me atrevo a decir que tan sólo una persona) que cuelga fotos en las que se ríe de sí misma, ofreciendo la cara menos bonita del día a día.

Más de una vez he leído en blogs altamente seguidos que sus vidas, obviamente, no son así, que el blog es un lugar de evasión en el que sólo hablar de cosas agradables y chulísimas. Pero claro, a una siempre le queda la duda de si realmente se puede llegar a ese nivel de super mamá: cenas ricas, variadas y vistosas cada noche, actividades dirigidas con los niños, fotos casi diarias para ver cómo crecieron nuestros niños 50 años después, mermeladas hand-made (que son mucho más sanas...) y así un largo etcétera.

Últimamente pienso que yo no quiero ser una super mamá. Intentar ser super mamá implica ser una mamá frustrada, porque el que mucho abarca, poco aprieta. Yo me he propuesto ser una mamá real, abrazar mis defectos, aplaudir mis victorias, hacer lo que desee en cada momento y respetar mi incapacidad (y la de todas las mujeres, no nos engañemos) para llegar a vivir en una constante perfección. Recordad, no se puede ser sublime sin interrupción

Súper Héroes de fieltro

Como yo voy a mi ritmo, al único que puedo, cuando Rui tenía 5 meses, ¡por fin! pude entregarle el chupetero de Superman que desde el principio supe que le haría. Las prisas hicieron que me quedase sin foto... pero Rui quedó tan contento de tener una S que chupetear, que sus papás no tuvieron más opción que pedirme que hiciera más súper héroes para su chiquitín. Y voilá... ¡ahí estaba el primer encargo!

Cuando haces un regalo hecho por tí y el resultado es ese, es la mayor satisfacción que puedes tener. Así que me puse manos a la obra, y salió esta guirnalda para la cuna









martes, 11 de febrero de 2014

Libros, ¿hasta donde llegar?

Siempre acabo todos los libros que empiezo. Puedo tardar más o menos, pero me cuesta horrores abandonarlos. Hay quien tiene claro que si en la página 20 (por ejemplo), el libro no le engancha, tiene que dejarlo. Admiro esa determinación, aunque es cierto que yo tengo mi propia determinación, que es llegar hasta el final de cuaqluier historia.  

Tengo libros empezados por casa desde hace meses. Se que algún día los acabaré. De hecho hace poco acabé uno, después de 9 meses de lectura. 9 meses para menos de 300 páginas. Y el caso es que el libro me gustaba, desde la página 1 me gustó. Ahora que lo pienso, la media sale como a una página por día. De-mo-le-dor. Aunque es otra historia, ser madre trabajadora y tener ambiciones lectoras no es fácil.

Volviendo a los libros, una vez acabado el de los 9 meses de lectura, miré y remiré mis estanterías, llenas de libros comprados, heredados, compartidos, regalados y rescatados del expurgo, y no conseguí conectar con ninguno. Con mucha ilusión, recurrí a la biblioteca. Aunque esa también es otra historia, entrar a la sala de una biblioteca con un niño y un bebé, no es tarea fácil. Elegí rápidamente, y con muchas dudas, pero no tenía muchos segundos para gastar.

El caso es que en la página 60 comencé a dudar si seguir. En la página 80 empecé a dudar si abandonar. Me encuentro en la página 160, y ahí sigo. Me he preguntado por qué sigo, si en el fondo no me está gustando. Y sólo se me ocurre que soy una ingenua, por pensar que a vuelta de página quizá pase algo que compense haber llegado 200 páginas más allá... y en menos de 9 meses.
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