miércoles, 23 de diciembre de 2015

¡Que alguien me pare!



Empecé Diciembre hechizada por la magia de las fechas, con mil ideas para hacer, entre ellas por ejemplo, venir por aquí todos los días a contar algo. Material no me faltaba, llevo todo el año dejando cosas “para publicar algún día de estos” y por aquí andan escritas… 

Quería hablaros de cuál ha sido la banda sonora de mi otoño, de cómo nos levantamos en casa, de frases evocadoras que traen miles de recuerdos, de oficinas grises a las que dar un poco de vida, de quiénes somos y quiénes creemos ser, de viajes y más viajes, de mantras de andar por casa (o por la vida), de que este año me cosí una bolsa para mis pinzas de tender con una camiseta que ya no le valía a la peque, de que mi amiga María cose unas cosas preciosas que hace que las mías parezcan una birria, de los alidados en el lado feliz de la vida, de piedras, de El Profeta, de cosas que me encantan y cosas que no me gustan nada y de las últimas frases gloriosas de mis hijos. Como veis, cosas muy coherentes entre sí, todas cosas habituales en la circulación aleatoria de mi mente.


Pero me doy cuenta de que me planto en el día 23 de Diciembre y que todo esto se me ha quedado en el tintero. Aún así, el espíritu de la Navidad me sigue acompañando, y me están entrando unas ganas locas de hacerme propósitos para el 2016, tantas ganas y tantos propósitos, que necesito que alguien me pare los pies… Laura, ¿aún no te has dado cuenta de que te sobran las buenas intenciones, pero al final, mucho lirili y poco lerele?


Como sabéis, este año me propuse no hacerme propósitos y me ha ido (bastante) bien. O al menos así lo siento yo. Es probable que haya conseguido cosas a nivel personal que nunca antes había conseguido y sigo por el buen camino, aunque a ratos me salga por la vía de servicio. Sigo pensando que no se puede ser sublime sin interrupción, y en este caso no me refiero al aspecto físico, sino a ser sublime para con una misma.


Pero a lo que vamos, ¿quién quiere hacer propósitos? Yooooo!! Por ejemplo:


Hacer una foto al día. Llevo una semana y pico con la cámara al alcance de la mano, porque si la guardo en su funda, su funda en el cajón… cuando me entran las ganas de hacer una foto a los niños se me quitan enseguida. Tentada estoy y todo de abrirme una cuenta en instagram. ¡Que alguien me pare!



Hacer una compra inteligente (y de calidad) al mes, en plan “12 meses, 12 compras”. Y es que, ¿no os pasa que queréis algo, lo vais dejando, y de repente estás en el súper y dices, “venga, pues esto mismo”? Nooooo, hay que ser inteligente, comprar con criterio, informarse y decidir. ¡Que mi tarjeta de crédito me pare! Porque la lista de candidatos aumenta por momentos

Volver a nadar. Estoy en horas deportivas bajas. Tengo que pensar una rutina deportiva que me enganche. Llevo casi dos meses sin salir a correr, y lo que es peor, no me veo con ganas. Pienso si será el fin de mi carrera de runner y lo cierto es que no me queda nada claro. Aquí que no me pare nadie, por favor.

Y el megapropósito, alcanzar rutinas que faciliten mi vida. Esas rutinas que diseño con mimo e interés y que abandono sin darme cuenta. Esas rutinas a las que vuelvo con el tiempo con un cambio por aquí y un nuevo enfoque por allá. Que alguien me pare, porque mi lado controlador está en la cresta de la ola y a veces no me aguanto ni yo misma. 

En definitiva y con visión objetiva, 2016 pasará con sus 366 días (¡¡¡tenemos año bisiesto!!!), en los que haré 500 fotos en una vaciones y pasarán 40 días sin destapar el objetivo; haré compras compulsivas y otras milimetradas, iré a nadar 3 o 4 días, saldré a correr de manera desordenada y mis rutinas irán y vendrán, algunas para quedarse, otras para demostrar que no todo en la vida puede ser controlado.

Pero aquí sí, que nadie me pare. Que nadie me quite las ganas de seguir pensando, de seguir soñando con todas aquellas cosas que me gustaría ser y hacer, mientras estoy despierta. Que 2016 viene con todos esos días como hojas en blanco de un cuaderno, para ser llenadas con letras, con imágenes, con frases, con canciones, con historias y conversaciones. 

Con sueños. Muchos sueños. Y de todos esos sueños y de todos esos propósitos, algún que otro logro.






sábado, 19 de diciembre de 2015

Cerrando

Bien podría ser que ando cerrando este blog, ya que el ritmo de publicaciones decae por momentos, las secciones que planeé hace tiempo han ido desapareciendo y yo apenas saco tiempo ni inspiración para venir por aquí. Pero no, no cierro (aquí oigo el suspiro de alivio de todos vosotros, miles de followers ;)

Hoy vengo a hablaros de otro tipo de cierres, de cierres de etapas, de ciclos... porque ayer ayer fui al último teatro navideño de la escuela infantil de mis hijos. Ese sitio al que llevo acudiendo ya 4 años largos, mañana y tarde, 11 meses al año. Ese sitio al que por un lado tengo ganas de decir bye bye sólo por el hecho de simplificar la logística familiar y por otro me va a dar una pena horrible tener que decir adiós cuando el curso acabe. En mi familia ya no habrá más navidades en escuelas infantiles, ya no habrá un grupo de chicas imaginando una historia bonita con moraleja feliz que ofrecer a sus niños. Ese grupo de chicas que cuidan de nuestros peques 8 horas al día, les enseñan a comer, a lavarse las manos, a ponerse los zapatos y el abrigo, que les cuentan historias y que en algunos casos, les quieren casi tanto como nosotros mismos, los papás. Ayer se me empezó a caer la lagrimilla al tiempo que comenzaba la historia del teatro de Navidad. Reconozco que soy de emoción fácil en este tipo de eventos, supongo que (habla mi yo mística) se une una especie de energía amorosa y eso me puede.

La época navideña, en la que aflora el sentimentalismo, se me juntó con la nostalgia que produce ver cómo tus hijos van creciendo y que esos piececillos y esas manos que un día eran así de pequeños, ya no son de bebé. Y se me hace un batiburrillo de sentimientos: el deseo porque aprendan a ser autónomos se junta con el medio de sentir que de repente no me necesiten, la incansable búsqueda de su espontaneidad genuina se une al miedo de que un día prefieran no decirme lo que sienten, su insistencia por querer jugar conmigo se une al miedo por todo lo contrario... no quiero ni imaginarme cómo estaré cuando tengan 18 años. 



El caso es que una vez más tiraré de sensatez y me dispondré a disfrutar del día a día de este último curso de escuela infantil, a pesar del cansancio o de las incomodidades de esta vida tan cómoda (soy tan afortunada que me doy el lujo de quejarme por tener que recoger a los niños en coche...). Paula es inmensamente feliz en su escuela, me alucina que siendo tan pequeña haya trabado lazos de amor tan estrechos con adultos y compañeros. Y con eso me tengo que quedar para no desear otra cosa que no sea que todo siga estando como está.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Hemos leído Los gusanos comen cacahuetes



El otro día fuimos al parque. Habíamos metido en la mochila dos cosas que nunca antes habíamos llevado al parque: nuestro cuento nuevo y una bolsa gigante de cacahuetes. La preocupación y la seriedad de nuestra misión se reflejaban en nuestras caras.


Teníamos que volver a poner orden en el reino de los gusanos, los pájaros y los gatos. ¡¡Es que se han vuelto locos, menudo jaleo se han montado…!! Si no les ayudamos nosotros, ¿quién si no?


Nos pusimos a buscar por el suelo, había que empezar por el principio… buscábamos y mirábamos por todos  los huecos posibles, pero no encontrábamos lo que queríamos. Ni rastro de los gusanos… claro, los pobres, comiendo piedras, tendrán dolor de barriga y no tendrán ganas de salir al parque. Pero esto lo solucionamos en un periquete. “Mamá, abre la bolsa de los cacahuetes. Vamos a dejarles unos cuantos pelados y ya verás como si los huelen, salen de sus escondites”. Bueno, pues probamos y les damos un ratito…

Columpio arriba, tobogán abajo… “Mamá, miraaaaaaaaa, ni rastro de los cacahuetes”, “mira mamá, ¡un gusanito con cara feliz! Ooooohh, gusanito, ten cuidado… el pájaro te quiere comer. Ohhh mamá… ahora el pajarito tiene dentro al gusanito y al cacahuete… Un gatoooooooo mamá, un enorme y hambriento gato vieneeee, pajariiiitooooo, tienes la barriga tan llega de rica comida que no puedes ni volar, cuidadooooooo… zas…”. Fundido a negro.



Hemos conseguido volver a poner orden, pero en el fondo nos da penita que los gatos se tengan que comer a los pájaros y éstos a los gusanos. “Nuestra próxima misión podría ser invitar a todos a cacahuetes, ¿no mamá?”


Gracias a Boolino, hemos podido disfrutar de este cuento de Élisa Géhin, publicado por la editorial Takatuka.  Nos han encantado las ilustraciones, el galimatías que se monta y poder enseñar muy básicamente a los niños que todo en la naturaleza tiene un orden, y que si éste se rompe, aunque sea capaz de encontrar una solución, ya nada volverá a ser lo mismo.

viernes, 13 de noviembre de 2015

13 de Noviembre, Día de las librerías



Mi amiga María tiene 19 días más que yo. Nos conocimos un verano en plena adolescencia. Abrir el buzón y encontrar una carta suya era día grande. Fuimos creciendo, viéndonos de vez en cuando, supongo que siempre menos de lo que nos hubiera gustado, pero seguíamos unidas. Estudiamos la misma carrera en distintas universidades. Tenemos el mismo coche. Nuestras parejas se llaman igual. Ayer descubrí que nos levantamos a la misma hora, minuto exacto. Y todo esto sin ningún tipo de acuerdo. Es de esas amigas que pasas meses sin verla pero el día que las ves es como si sólo hubiese pasado un rato.


Mi amiga María y yo adoramos los libros. Ella, además, es de fidelidad semanal absoluta a Página 2, Imprescindibles y This is Opera. Y lo más lo last en su vida últimamente (desde mi punto de vista, claro…) es que asiste a un club de lectura. Y yo me muero de la envidia… ;)


Por eso hoy me voy con mi amiga María a visitar librerías, en el Día de las librerías. Una celebración que comenzó hace 5 años y que nosotras hoy inauguramos. Sí, lo sé… será un día comercial y bla bla bla… pero un libro es cultura y ésta nunca está de más. Como dicen sus organizadores, es una fiesta con la que se quiere recordar que un libro es una excelente adquisición y que el mejor lugar para hacerla es, sin duda, una librería. Totalmente de acuerdo, nosotras estamos dispuestas a tener una tarde para salir a la calle juntas, pasear, charlar, ver libros y librerías y comprar… porque además de ampliar su horario hasta las 22.00, las librerías que participan ofrecen un 5% de descuento en las compras que hagas.




Nosotras tenemos previsto ir a visitar al Sr. Atticus y a algunos Tipos infames. Ya te contaremos qué compramos, pero lo que tenemos claro es que lo vamos a pasar pipa.

Si nos da tiempo, porque rajamos de lo lindo y tenemos mucho que disfrutar, quizá hasta nos hagamos una foto para twittear con los hastag de este día, #diadelaslibrerias o #libreríasmolonas.


¿Y tú, qué libro te has comprado hoy?

miércoles, 11 de noviembre de 2015

El placer de cuidarse



Uno de los placeres a los que uno puede recurrir en esta vida es al placer de cuidarse. Como cada uno lo entienda, claro está. Para mí últimamente cuidarme supone cuidar mi cuerpo por dentro, un poquito por fuera y cuidar sobre todo mi mente. Cuando te cuidas y eres consciente de ello, te sientes en paz, observas los días que te descuidas un poco como un capricho o también una necesidad de aflojar y relajarse, y sabes volver a la vida sana, es más, necesitas volver a la vida sana, tu cuerpo te lo pide. Observar las necesidades y tratar de satisfacerlas de la forma más sana y más agradable posible, es sin duda todo un placer, y cuando actuamos en consecuencia, parece que todo son beneficios. 

Como cualquier cambio a mejor, los resultados no serán muy significativos ni muy inmediatos, excepto la beneficiosa sensación de sentir que verdaderamente estamos cuidando de nuestro cuerpo. Sólo tenemos uno y es para toda la vida. Más nos vale cuidarlo como se merece.


Y esa sensación de cuidarse, el placer de cuidarse, es lo que más nos puede conquistar para seguir adelante en el camino de la vida sana.


Lejos de tratar de ser una gurú de nada, ni de querer hoy convencer a nadie de nada, pienso que hay tres cosas fundamentales que nos ayudan a cuidarnos: la alimentación, el ejercicio y la meditación. 


La alimentación es la base fundamental para tener un cuerpo lo más sano posible. No se trata sólo de buscar un buen cuerpo por fuera, aunque esa pista nos pueda servir para empezar todo un proceso de mejora. Sobra decir que la alimentación es el combustible del cuerpo. Deberíamos elegir el de la mejor calidad, el que nos dé el mejor rendimiento, y el que cuide de nuestro motor y nuestros engranajes de la mejor manera posible. ¿Acaso no haces algo parecido con tu coche? Cierto es que se nos educa poco y mal en cuanto a alimentación y “premiar” a nuestros hijos a menudo supone darles un buen cacho de bollo industrial o llevarles a la “hamburguesería de hamburguesas de plástico”. 


Tengo la suerte de que me gusta comer de todo, si bien en los últimos tiempos he ido girando hacia un tipo de alimentación más sana. ¿Dónde quedaron aquellas tostadas llenas de mantequilla y mermelada del desayuno? ¿Dónde ese café cargado de azúcar? Si mi madre leyese esto no se creería que he dejado de enfadarme porque no hay pan de molde para desayunar. Aunque esto no quiera decir que de vez en cuando no me rinda a ese placer, lo cierto es que hace muchísimo tiempo que ese ha dejado de ser mi primer alimento de cada día.

Un punto que considero importante y que me aplico, es que no hace falta dejar de comer nada, sólo hay que comer con cabeza. Y soy capaz de disfrutar tanto un plato de brócoli “al dente” con aceite de oliva virgen como un donuts-cargado-de-cosas-malas... pero con consciencia, es decir, un donuts de ciento al viento no nos va a conducir a la enfermedad, pero comer brócoli todas las semanas va a tener a nuestro cuerpo contento.


Propongo: investiga un poco sobre las cosas que estás comiendo. Puede que te sientas culpable al principio al conocer qué esconde cada alimento diario en tu dieta. No hace falta que cambies de la noche al día (de todas maneras es imposible, aunque quieras…). Empieza a elegir alimentos más sanos. Aliméntate con consciencia y piensa que esos alimentos te están cuidando y beneficiando por dentro. Verás qué placer.

Te dejo un par de blogs que sigo habitualmente y que nos dan un montón de información e ideas para mejorar la alimentación: El blog de Dietética Casa Pià y El blog de Aida Artiles y la última tanda de entradas del blog Coaching con C.
Para ir "espabilando", no está de más leer algún blog como Dime qué comes

 


El ejercicio nos hará, sobre todo, mejorar nuestro estado de ánimo y en segundo lugar y de una forma más lenta, hará que nuestro cuerpo mejore por fuera. No hace falta que te hagas el primer maratón que se te ponga a tiro, ni que hagas 100 abdominales en un día. Simplemente sal a pasear un rato, relájate, mira el paisaje, piensa en tus cosas tranquilamente. Si te apetece, apúntate a alguna actividad, alguna que no te suponga un suplicio, sino un placer, nuevamente. Estarás deseando que llegue el momento de acudir a esa actividad y al salir te sentirás tan bien que pensarás cómo es que no te has apuntado antes. 

No me voy a enrollar aquí a contarte todo el rollo de las endorfinas que se generan al hacer ejercicio, que para eso ya hay muchos expertos. Pero lo que sí te digo es que la sensación que se queda en el cuerpo después de una buena sesión de ejercicio es un placer difícilmente superable.

Propongo: que pienses qué deporte te apetece probar y que no te autolimites pensando que no vas a ser capaz. Ponte a prueba, te vas a sorprender seguro. Y te dejo el enlace a mi tablero de Pinterest Me motivo. Internet está plagado de recursos motivadores para ser una persona activa. Busca los que más te muevan por dentro y revísalos de vez en cuando, sobre todo cuando empieces a flaquear.

Y por último, la meditación. Para mi no es tan sólo pararme un rato cuando lo necesito y tratar de dejar la mente en blanco. Es un entrenamiento para poder estar atenta a lo que tengo entre manos en cada momento. Si me estoy duchando, es el momento de la ducha, pensar en eso y nada más, o si estoy comiendo, saborear, apreciar olor, textura... No es nada fácil, sobre todo por el nivel de estrés en el que solemos vivir, siempre pensando en la tarea que viene más tarde. Y sobre todo creo que es prácticamente imposible ser consciente de esa manera de cada segundo que vivimos. Pero sin duda es un auténtico placer aligerar la mente de vez en cuando, centrarse en la respiración y tratar de escuchar el silencio dentro de nuestras cabezas. Un placer también para el cuerpo, que se libera de tensiones.

Propongo que al menos intentes meditar unos cuantos días. Si ese rollo no va contigo, trata de estar en el paseo cuando pasees, en la comida cuando comas... Porque como escribió Vargas Llosa "hay que tener disposición y perder el orgullo y la vergüenza, bajarse del pedestal en el que la gente vive montada. El que no pone a dormir su pensamiento, el que no se olvida de sí mismo, ni se saca las vanidades y soberbias, ni se vuelve música cuando canta, ni baile cuando baila, ni borrachera cuando se emborracha. Ese no sale de su prisión, no viaja, no visita a su animal ni sube hasta espíritu".

Además de Coaching con C puedes visitar los siguientes blogs que promueven una vida sana, tratando algunos de los temas de hoy: La Sana Motivación, que descubrí un pelín tarde, ya que su autora dejó de actualizar a principios de este año. De todas maneras me lo he leído de principio a fin y, además de obtener un montón de motivación, nos da muchas ideas aplicables a nuestro día a día. Con encanto acierto nos da rutinas, pistas, información y trucos para ponernos en marcha, alimentarnos mejor y ser más productivos en la propia vida. Y mi último descubrimiento, Mujer Holística cuyo nombre ya nos deja todo claro.

 

Después de todo esto que os he contado y toda la lectura que os he dejado recomendada, acabo por decir que desde aquí no trato de convencer de nada a nadie y que por supuesto no soy experta ni de lejos en ninguno de estos temas. Sólo me apetecía compartir estos aspectos que últimamente cuido un pelín más y que hacen que me encuentre en mejor sintonía conmigo misma. Cada persona sigue su camino, en su momento, con sus ganas y sus objetivos. La vida no es una sucesión de días perfectos ni mucho menos y las tres premisas de arriba no pueden ser de repente el objetivo primordial de nuestras vidas. Pero si al menos te he dejado con ganas de mejorar un pelín tu vida, yo ya me doy por satisfecha.

Y como siempre, estaré encantada de recibir vuestros comentarios.
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