viernes, 30 de enero de 2015

Llegando a fin de mes

Enero, el primer mes del año, nos regala 31 días con los que hacer algo. He llenado estos días de mi familia y de mis amigos, básicamente. Y hoy os dejo una lista de las 10 cosas que más me han enganchado en mis ratos libres:

1. Feedly. Hace unos meses no sabía lo que era. Hasta que una personita muy tecnóloga me empezó a hablar del Feedly, el Pocket y el Evernote. A mi al principio me sonaba como si me hablasen del Chuli, el Pai y el Cabra. Es decir, que te suena algo pero no tienes ni idea de qué va la historia. Lo que pienso ahora es que no se cómo podía vivir sin él. Es mi nueva manera de seguir los blogs que más me gustan, los que voy descubriendo, los que publican de vez en cuando y los que publican a diario. ¡To-dos! Cómodo, rápido y facilongo. Los tienes todos en el mismo sitio, ves un pequeño resumen, piensas si te apetece leerlos ahora o los dejas para otro momento. Vamos, que no pierdes lectura y siempre tienes unas letras que echarte a los ojos. Altamente recomendable. Y si no, pruébalo y ya me contarás.


2. Twitter. Abrí mi cuenta hace casi 3 años y nunca supe darle mucho uso. La tenía casi abandonada, hasta que hace un par de meses la retomé, comprendiendo que puede ser una gran fuente de información y de contactos interesantes. Además, es un subidón cuando de repente y sin saber por qué, tienes un seguidor nuevo.

3. Pinterest. Si hubiera empezado a hacer este ranking hace 6 meses, habría estado en el puesto número 1. Me sigue enganchando mucho, pero reconozco que ahora le echo muchas menos horas.


4. Mi café de media tarde. Es MI MOMENTO del día, aunque haya ruido, los niños quieran estar sentados en mi regazo, o al mismo tiempo esté recogiendo cien mil cosas. Lo disfruto como nunca había pensado que podría disfrutar el sabor de un buen café. Algunos días su sabor es simplemente perfecto. 

5. Las conversaciones con mis amigas de toda la vida. He tenido la suerte de retomar citas con ellas en los últimos meses, y me he dado cuenta de cuánta falta me hacen. Aunque mis mejores amigas son de esas de no vernos en meses, pero ponernos a hablar y que parezca que nos vimos ayer, es genial compartir lo cotidiano con ellas.

 6. La cuenta de Puerta de Tanhauser en Twitter. A pesar de ser una chica de letras, siempre me han enganchado las ciencias. Solía preferir las preguntas verdes a las marrones en el Trivial, aunque la literatura siempre ha tirado irremediablemente de mi. Esta cuenta tiene videos geniales, adictivos y algunos muy divertidos. La víspera de Reyes pasé una tarde muy divertida mirándolos con mi hijo de 4 años, y os diré que con algunos se reía como hacía tiempo que no le veía reir. Decía: "mamá, otra vez!!". 

 7. Hacer fotos. Como a todo el mundo (entiendo que es así) me gusta guardar recuerdos de mi vida: viajes, momentos del día a día... y ahora hacer fotos para este lugar. Algo a lo que antes no prestaba mucha atención, la verdad. El motivo de este enganche es un curso de fotografía que hice en Noviembre y en el que disfruté muchísimo. Con tres o cuatro trucos se pueden hacer cosas muy chulas. Así que supongo que si sigo aprendiendo puedo llegar a ser insufrible... y acabaré con el espacio de mi disco duro.

 8. Los lunares. Desde que compré mi agenda 2015 no puedo parar esta atracción. Me he dado cuenta de que ha sido una atracción que viene de lejos, y ahora he decidido que ya no voy a ponerle freno. ¡Me encantan los lunares! Es que veo cosas como esta y me pongo contenta.



9. La agenda blogger de Miss Lavanda y todos sus tutoriales. No entiendo muchas de las cosas que dice, pero voy cogiendo ideas sueltas. En cuanto a la agenda, a finales del año pasado estuve buscando por la red una agenda blogger para organizarme bien y no fui capaz de encontrar una como la que yo imaginaba. Al final me hice una en plan básico. Pero fue ver la de Miss Lavanda y creo que tardé 0,5 segundos en descargarla e imprimirla. Me gusta mirarla, tocarla, pasar las hojas e imaginar cosas que contar aquí.

 10. Reconozco que me ha costado llegar a completar esta lista de 10. Hasta que en el último momento 2 cosas se han querido colar en ella. He decidido que se quede... (redoble de tambores) ¡¡el vermú del domingo!! y dejar que pase febrero para ver si la otra candidata sigue tomando cuerpo. Y es que, desde que acabó el verano y quise alargar la sensación de vacaciones (madre mía cuánto tiempo hace ya de esto!!!), saboreaba con deleite un vermucito con gaseosa y unas patatitas el domingo a medio día. El vermú que siempre se ha tomado en mi casa desde que tengo uso de razón. Y que por cierto, ahora se está poniendo de moda. Hay tradiciones que es mejor no abandonar, ya que si vuelven tú siempre tendrás la seguridad de que no estás ahí por moda, sino por fidelidad.

¿Y a ti qué te ha enganchado este mes? ¿Coincidimos en algo? No te cortes y cuéntamelo por aquí abajo o aquí a la derecha.


Gracias por leerme.

viernes, 23 de enero de 2015

Objetivo makeover de Enero: cortinas infantiles

Como decía a principios de año (o de mes, según se mire), es difícil no sucumbir a hacer planes para 12 meses, así, como si sólo con el optimismo desbordante que nos inunda en esos días mágicos se fueran a cumplir. Este año yo, por ejemplo, me imaginé alcanzando un objetivo x 12 (o un objetivo / 12, hoy me cuesta decidir). Me explico, me propuse elegir cada mes una de las cosas que me gustaría cambiar o mejorar en casa. ¿Por qué? Porque como todo en la vida, siempre hay cosas que a una le gusta mejorar y si no te las tomas en serio, acaban pasando los meses y al final no haces grandes avances. ¿Quién no se ha propuesto ir a la piscina por su cuenta, adelgazar por su cuenta, aprender inglés por su cuenta?? ¿Y qué pasa? ¡Nada!, no pasa nada porque no haces nada.

Como suelen ser tareas a lo grande, con objetivos a lo grande (en los casos anteriores: tener un cuerpo súper fibroso, perder 5 kilos e ir a los U.S.A. y no hacer el ridículo al hablar) al final pierdes la motivación porque el objetivo final siempre está lejano.

Pues yo con mi casa igual. Siendo realistas, no puedes mejorar todo lo que te apetece en una semana. Pero si lo troceamos en 12 meses... es otro cantar. 

No he hecho una lista de 12, las elijo sobre la marcha, según el nivel de apetencia. Porque, para qué empeñarnos en organizar todos los cajones de la casa cuando lo que nos atrae poderosamente es cambiar los cuadros de sitio o reorganizar la despensa. O... descansar tranquilamente en el sofá...

Para el mes de Enero elegí cambiar las cortinas de la habitación de los niños. ¿Por qué? Porque las que están puestas, a pesar de ser muy monas y discretas, y de estar dando un resultado de calidad para nada acorde a su reducido precio, fueron colocadas de manera provisional, cuando aún teníamos una vida de pareja sin hijos. Esa provisionalidad se ha alargado en el tiempo tanto, que son el único elemento que ha resistido a los cambios que suponen pasar de tener una habitación "para nada" (o sea, habitación para ordenador, material de escritorio, rato de evasión... (abro segundo paréntesis: nótese la ironía del primero)) a habitación para los niños. Fueron las primeras en llegar y quizá las últimas en irse.

Porque hoy, 23 de Enero de 2015, a una semana de que acabe el mes, puedo dar mi objetivo por... NO CUMPLIDO. Fundamentalmente no he sabido organizarme para ir a buscar telas, ni siquiera he medido el hueco de la ventana (que bien podría estar haciéndolo ahora en lugar de estar contando estas historias). Se me había olvidado que los meses pasan volando a velocidad de concorde.

Para lo único que he tenido tiempo ha sido para buscar inspiración, gracias a que Pinterest no cierra a las 21.30 de la noche, hora clave en la vida de cualquier madre. Así que os dejo hoy por aquí con las ideas cortineras que me rondan la cabeza, esperando acudir a los exámenes de recuperación de Febrero y poder decir que aprobé a la segunda.






Y mis favoritas:

¿Qué te parecen? 

No te cortes, te dejo que me hagas llegar tus comentarios por aquí abajo o que me mandes cualquier cosa que te apetezca por aquí a la derecha.

Gracias por leerme.



sábado, 17 de enero de 2015

Diario de viaje: fin de semana segoviano



Las pasadas vacaciones de Navidad tuvieron un detalle en forma de fin de semana de relax para mi marido y para mi. Buena falta nos hacía, porque después de un año intenso, llegar a finales de año cerrando asuntos laborales, afrontando comilonas sin parar, entrenando para la última (y primera) carrera del año y organizando las compras de regalos, las pilas estaban casi agotadas. Para poder permitirnos este pequeño lujo, pudimos contar con la ayuda de los abuelos, que además esta vez prefirieron acogerse a la modalidad “tele-abuelos” y venir directamente a pasar el fin de semana a nuestra casa y cuidar así de los niños en su “hábitat”. Todo eran ventajas.


La elección la tuvimos clara casi desde el principio, iríamos a Segovia. Está cerca, conocemos la ciudad y por ello no existía la obligación de hacer turismo ya que el objetivo principal era descansar, desconectar, leer, dormir… vamos, todas aquellas cosas con las que soñamos el resto del año cuando la rutina no nos deja parar un minuto. Además, el año anterior hicimos algo parecido y pasamos una noche en Valsaín, al ladito de la Granja, por lo que de esta manera, hasta casi-casi podíamos empezar a crear una tradición de fin de año.


Lo cierto es que Segovia es una ciudad preciosa, con su acueducto impresionante, que te hace pensar en la pequeñez de una misma, frente a la enormidad de una construcción que lleva ahí siglos. La majestuosa catedral y la plaza animadísima en sábado, que además estaba alegre por un sol que permitía sentir un poco menos el frío segoviano. El preciosísimo Alcázar, que descubrí a los 14 años y me dejó impresionada. Aunque hicimos poco turismo, además del turismo de tapeo, sí que descubrimos alguna calle nueva por la que nunca antes habíamos pasado, lo que confirma la sensación de que Segovia es una de esas ciudades de las que es difícil cansarse, por mucho que se vaya.


Lo que tuve claro desde el principio es que no me podía ir de Segovia sin visitar la tienda Olivia Soaps, cuyo blog conocí hace un par de años y cuyos productos me enamoraban sin conocerlos. Me imaginaba como una princesa, entrando y comprando uno de cada. Y aunque ganas no me faltaban, lo cierto es que una plebeya no puede permitirse esos lujos. Así que aproveché para agasajar a lo grande a mi “amiga invisible” de estas navidades y piqué un jaboncito para mis niños. Que si sólo fuese por el nombre que tiene, ya me gustaría, pero es que además les deja una sensación de piel chulísima después del baño. 



Y yo, me vine con mis neceser vacío de cosas nuevas. Así somos las madres, al final siempre pensamos que nada nos hace falta. 
 

Para pasar noche, fuimos a lo grande y elegimos los dos paradores que tiene Segovia: el mismo de Segovia y el de la Granja. Por mi cumple recibí, de una manera muy divertida y especial, una caja-experiencia de Paradores, así que fue fácil unir ese regalo a esta escapada. El parador de Segovia estaba precioso con la decoración navideña, y además lleno de vida, de familias enteras festejando los días de vacaciones. A la hora del café era casi imposible hacerse con una mesa para relajarse mirando la ciudad desde lejos. 





El parador de la Granja es un edificio singular y muy acogedor. Acogedor sobre todo teniendo en cuenta el fresquete bajo cero que hacía fuera. Me dejo pendiente dar un paseo por La Granja y por sus calles, porque estaba tan feliz dentro, con una buena sesión de spa por la mañana y una tarde pletórica de lectura, que realmente me hacía falta poco más para sentir que estaba disfrutando al máximo.


Tan sólo me quedó una pequeña tristeza. Y es que donde yo vivo siempre hay muchas cigüeñas volando por el cielo. Cualquier día del año, a cualquier hora, solas o en pandilla. Y quizá esa visión me gusta tanto que sentí que hay una cosa que le falta a Segovia para ser definitivamente perfecta. Y es que a esta ciudad llena de historia(s) le faltan cigüeñas que adornen su cielo.

lunes, 12 de enero de 2015

Centro de mesa de piedras pintadas

Hoy vengo con una colaboración muy especial. Desde que empecé con mi blog, y a lo largo de estos casi tres años, creo que más o menos ha ido quedando claro la importancia que mi hermana tiene en mi vida. Ella va haciendo sus cosillas con sus inquietudes y siempre tiene algo entre manos. Hace un par de semanas me enseño unos marcapáginas que se lió a hacer una tarde, y le dije que por qué no los enseñábamos aquí, porque tenían mucho encanto. Ahora se ha liado con otro proyecto, que desde casi los inicios me ha ido enseñando y me ha parecido precioso. Le volví a proponer cederle mi sitio para mostrarlo, y esta vez ha aceptado. Así que hoy, os dejo con ella. Espero que lo disfrutéis.



Mis finales y comienzos de año son complejos, básicamente porque no tengo claro cuando acaban unos y empiezan otros.
Tirar de calendario para poner el límite sería lo fácil, pero desde luego en mi caso, no sería lo correcto.

Nací a mitad de diciembre, por lo que mi año biológico acaba en esa fecha. Cada una de las veces en las que envejezco un poco más, siento que renazco cuando el resto de mi entorno parece agonizar (cronológicamente hablando), lo cual no deja de provocarme algunos malestares y sentirme "desincronizada" del mundo.

Las vacaciones escolares que acaban con el que fue trimestre de la vuelta al cole, podría ser mi segundo hito. Los monstruitos que llenan mi vida, comienzan un nuevo ritmo (difícil de seguir sin un riguroso entrenamiento previo, jejeje) y parece que empezase otra vida de ires y venires a todas horas.

Junto a la familia vivo el fin de año oficial, ese en el que todo el mundo piensa en hacer cosas nuevas, retomar otras que quedaron antaño olvidadas, brindar con algo de oro en la copa y deseos íntimos en los corazones, que sólo se ven por fuera en las sonrisas que nos dibujan en la cara.

En cuarto lugar tenemos la vuelta al cole, para mí ese suele ser el inicio de año. Se madruga más que en días anteriores, se va al cole, se recoge el Belén, se limpia concienzudamente una casa desastrosa y se retoman las rutinas.

Este año, me siento feliz de que un quinto hito confunda un poco más mi calendario, y es que hoy comienzo en un nuevo trabajo. Y como todos los anteriores, y sin quererlo, marcará un antes y un después. Bueno, estoy pensando que como casi todo en la vida...

Desde hace muchos años, en estas fechas confusas de principios y finales, compro una nueva agenda que desprecinto con una ilusión infantil que no soy capaz de explicar (y que no quiero perder). Un cuaderno lleno de días por llenar... maravilloso ¿verdad?

Al revisar el del año pasado, constaté que había anotadas muchas más cosas tristes que alegres y que de mis propósitos de año nuevo no quedaban ni los restos más minúsculos. Así que pensé que eso tenía que cambiar... Y en ello estoy.

Una de las cosas nuevas para este año es hacer un centro de mesa diferente para cada mes, que colocaré en la mesa del salón y en el que plasmaré de algún modo, qué espero del mismo... y bueno, contarlo en este blog, que desde luego, estaréis de acuerdo conmigo en que es lo last!

Parece un propósito simple, pero quizá no lo sea tanto: elegí un centro de mesa mensual porque, más o menos (en mi cabeza, claro), sería como crear una energía invisible de círculos concéntricos que envolviese mi vida... Imaginaos el centro (que es centro de la mesa), la mesa (que debería ser centro del salón, como en las vidas de antes, cuando la tele no existía), el salón (que debería ser centro de la casa, por ser donde se reúne la familia), la casa (como centro de la vida)... y así hasta que se llene vuestro pequeño mundo. No sé si me explico...


Y este es el centro de mesa que decidí para Enero:




 

Después de un mes de locura a todos los niveles, llega Enero, con su cuesta más empinanda cada año... Pero ¿quién dijo que eso era malo? Es como una necesaria vuelta al hogar y a uno mismo (cosa muy sana, además de barata).
Como digo, lejos de ser malo, confieso que a mí me vuelven loca las tardes de quedarme en casa, de hacer manualidades, de meterme con los niños pertrechados de delantales y varillas de repostero en una cocina atiborrada de chachivaches para hacer un bollo... las mañanas de fin de semana de tomar un segundo café con mi amorcito mientras hablamos de cualquier cosa... los ratos placenteros de leer, pensar, respirar, de que el sol entre a raudales por las ventanas...



Así que eso es lo que cuento en mi centro de Enero, que a pesar de ser un mes duro y austero (como las piedras que he utilizado para hacerlo) puede estar lleno de color y los mejores sentimientos del mundo.





Así que el propósito de Enero es disfrutar de lo gratis, superando todos los empachos navideños, porque es lo mejor del mundo.


La esencia de todo esto ya la dijo alguien mucho antes que yo, y es que las mejores cosas de la vida... no son cosas.


Hasta la vista.

sábado, 10 de enero de 2015

Cargaditos de regalos... así vinieron los Reyes Magos este año

No vengo a contaros toooodas las cositas que me han traido los Reyes Magos, que habitualmente se portan siempre mejor ellos en un sólo día que yo en todo un año. Pero sí que me apetece compartir los tres regalos que más enganchada me tienen estos días.

En el número 1... y como primer plato, unas cerezas. Las de mis deseadas zapatillas Chocolaticas, que me llegaron a través de A lo loco Market. Como conté en Twitter, me tienen literalmente e-na-mo-ra-da. Fue a comienzos de otoño que las descubrí y ahí empecé a escribir mi carta a los Reyes Magos, pidiendo que cumplieran mi deseo de poseer unas. Aún no las he estrenado, pero de vez en cuando me las pongo en casa, y me siento como una niña con zapatos nuevos. Y auque sea efectivamente porque son zapatos nuevos, estoy segura de que cuando mis Chocolaticas no sean nuevas, me sentiré igualmente una niña cuando me las ponga. Mis pies entran en ellas y siento que lo mismo podría volar por el cielo que retozar por la verde hierba. Me miro a los pies y me pongo de buen humor.



En el número 2... y como segundo plato, un surtidito de libros. Pedí a los Reyes 3 títulos, y me han traído 2 extra. Hace mucho tiempo empecé a hacer una lista de libros por leer. Sacaba referencias de otros libros, recomendaciones, ideas leídas en revistas... pero supongo que por falta de tiempo acabé abandonando esa práctica. Con las vacaciones de verano, el tiempo libre y las ganas de retomar lecturas, empecé una nueva lista, de la que a los Reyes Magos encargué estos tres:



Y los Reyes Magos han pensado que un par de libros más tampoco me vendrían mal. Y contentísima estoy, porque sin darme cuenta, aunque me encanta Mafalda (a quién no le gusta...) nunca tuve uno de sus libros. Y el segundo lo aprovecho cada mañana mientras desayuno, buscando una idea que me inspire para afrontar el día con ganas.


Y en tercer lugar y como postre... una caja de trufas de la Mallorquina. Que levante la mano el que no esté salivando ahora mismo... Desde pequeña deseaba que mis padres me comprasen una cada vez que pasábamos por Sol (y no eran pocas veces al mes, la verdad). Y ahora que soy dueña de mis caprichos, intento hacer lo propio cada vez que paso por allí. Y lo mejor es que algún que otro año, mis Reyes Magos se encargan de sorprenderme trayéndome a casa este bocado de lujo.


 ¿Y a vosotros qué os han traído los Reyes?

viernes, 2 de enero de 2015

En 2015 cambio propósitos por lemas


Una noche de Diciembre se me quedó una frase prendida en la cabeza y al día siguiente fue lo primero que pensé al despertar, “Quien pierde la paciencia, pierde la batalla” (Mahatma Ghandi). Y la anoté sin dudar en mi agenda para 2015, primera hoja esquina superior izquierda. Ahí, la primerita del año. Para que me guíe y me inspire. Porque quienes mejor me conocen me definen a menudo por mi paciencia y mi tranquilidad. Y cada vez que pierdo alguna de ellas en un segundo, se me queda la mala conciencia durante un día entero.




Lo mejor es que a lo largo del mes de Diciembre fui pensando que para 2015 prefería no hacerme propósitos, y por el contrario, decidí ir eligiendo frases que me sirvieran de inspiración sobre cuestiones más amplias, que me guiaran para seguir creciendo por dentro. Y antes de que acabara el mes me alcanzó otra frase, lo que me hizo pensar que iba a ser más fácil encontrar lemas que me inspirasen propósitos en el día a día, que procurarme la larga lista de típicos propósitos. La segunda frase es “Hay dos regalos que debemos ofrecer a los niños: uno son raíces y otro son alas”.





Pero como no sucumbir al buenrollismo del día 1 de enero es difícil, al igual que pasa en septiembre, mes en el que nos encontramos forrando libros, ahora nos descubrimos empaquetando regalos y pensando qué cosas mejorar y qué planes no queremos que falten en el nuevo año. Así que al final he acabado pensando en algún que otro propósito, unos muy mundanos, como pequeñas operaciones makeover en casa, otros que acaban siendo los de siempre (cine, libros, paseos por el campo...) y uno que me asaltó el último día del año cuando el término project life, se coló así, como sin querer, dejandome con la angustia del "me da tiempo, no me da tiempo". Y claro, no me da tiempo ya a empezar mi album para este año. Pero con ganas he retomado un proyecto que empecé a los pocos días de ser madre, un cuaderno en el que voy contando a mis hijos algunas de las cosas que van pasando por nuestra vida, cómo fue su entrada en el mundo, por qué se llaman así, cómo fueron los primeros días de cole... y desde ayer, 1 de enero de 2015, qué pequeñas cosas vamos haciendo día a día. 

Y quién sabe, quizá más allá del cuaderno de espiral y cuadrícula, este año a lo mejor aprendo a hacer algunas cosas molonas.


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