martes, 17 de febrero de 2015

Mercados medievales, un plan con niños



El proyecto de este trimestre en el cole del niño es la Edad Media. Creo que es la primera vez que tengo el placer de escuchar de su boca de alegre voz una de las canciones que le enseñan en el cole. ¡4 años! he tenido que esperar para que esto suceda. La recompensa: “voy a imaginar, voy a imaginar, que vivo en un castillo medievaaaaal. Las murallas nos defienden de nuestros enemigos” y un verso suelto que dice algo así como “habrá justas y torneos”. Le pillé cantándola sin que se diera cuenta y aún suplicándole que me lo cantase otra vez (porfa, porfa, porfa) no lo he conseguido aún.


El caso es que descubrí que el pasado fin de semana celebraban en Chinchón unas jornadas medievales y pensamos que podía estar divertido (a la par que interesante) que viese a personas de carne y hueso recreando la vida en la Edad Media.
 
Decidimos organizar un San Valentín muy ad-hoc, con amor a 4 bandas. Aunque confieso que el plan también contaba con un momento de disfrute para adultos, planificado por mi marido el gourmet, un menú con nombres de platos de 2 líneas (bueno, vale, línea y media) el plan se nos escapó de las manos en el último momento sin poder hacer nada al respecto y nos quedamos con el micuit de foie en los labios. Pero no pasa nadaaaaa, porque lo importante es que nos tenemos el uno al otro y esa es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión.


Volviendo al Mercado Medieval, todo lo demás salió sobre ruedas. Nada más llegar nos topamos con el desfile de músicos, juglares, guerreros, magos, bufones y algunas personas vestidas a lo Invernalia de juego de tronos (jiji). También cetreros con sus majestuosos animales de cetrería.
 

Una plaza dedicada a los niños, llena de juegos de madera, unos de habilidad, otros de competición; arqueros, columpios de dragones y otras fieras, puestos con multitud de productos artesanos, espadas, arcos, armaduras, banderolas y escudos. Música medieval a cada paso. Había señores de puestos que parecían realmente sacados de la Edad Media. Otros no tanto (señores de puestos medievales, llevar mosca en la barbilla no se estilaba en aquellas épocas).



Entre las actividades para niños había, además de los juegos tradicionales,  taller de marionetas y lucha a espada con un caballero medieval. Entre los planes para todos, exhibición de lucha con espada, exhibición de vuelo de aves e invitación a caldo para entrar en calor, que venía bien porque el día estaba frío.

Los mercados medievales son siempre una buena opción para disfrutar con los niños, y hay algunas páginas, como esta, que recogen las múltiples ferias medievales que se celebran a lo largo de todo el año por todo el país.



Ahora en casa tenemos una mini-ballesta medieval. El niño está feliz con ella. La niña no para de decir “cosco”. Menos mal que las flechas no tienen punta…

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