sábado, 7 de marzo de 2015

Dos en la carretera: Madrid-Roma en coche



Hoy, inaugurando esta parte del blog, nos vamos un poquito lejos en el tiempo, hasta Julio de 2009. Un año después de nuestra boda y de nuestro viaje de novios, acometíamos con mucha ilusión un viaje preparado al detalle y que era casi tan largo y emocionante como el de la luna de miel. Nos íbamos 16 días a descubrir Italia. Un viaje que puede resultar común pero que en nuestro caso tenía la peculiaridad de que nos íbamos en coche desde casa, desde Madrid.

Si bien el plan inicial contemplaba no llegar a Roma para poder hacer ese viaje en otra ocasión y disfrutar sin prisas de la ciudad eterna, los días planeados para Florencia se nos quedaron largos, así que finalmente nos dejamos caer por la ciudad del Tiber.


 Un Madrid-Roma (casi 2000 km) da para mucho, y para que no se os haga muy largo, hoy os cuento sólo la primera parte de este viaje ida y vuelta a bordo de un 206. Una aventura en toda regla. Te voy a contar cómo lo hicimos nosotros, por si te animas. Desde mi punto de vista es un viaje para ir sin niños, ya que implica un largo número de horas en la carretera, y casi la misma cantidad de horas caminando por cada una de las ciudades, un ritmo que pocos niños podrían aguantar. 

Día 1. Madrid-Carcassone. Llegar a Iitalia desde España implica pisar suelo francés. Una gran excusa para ver lugares por el camino. A fin de cuentas, este es un viaje de carretera puro y duro, de parar donde te plazca y seguir cuando sientas que tienes que seguir avanzando hasta el siguiente destino. Yo tenía muchas ganas de visitar Carcassone. Había visto fotos hacía tiempo, y casualidades de la vida, empecé a oir hablar por varios sitios cosas de este lugar. Enlacé la serie de casualidades y así tuvimos nuestra primera parada. Son 902 km de Madrid a Carcassone, y los hicimos del tirón. Salimos muy pronto de casa y a la hora de la comida ya estábamos allí. Carcassone es una ciudad medieval, que conserva muy bien su doble muralla. Sus calles empedradas, sus plazas con pozo, sus caballerizas… ¡¡sus crepes!! Un lugar precioso que no deberías perderte si estás cerca. Tiempo después y (de nuevo) casualidades de la vida, nuestra familia nos enseñaba a jugar al Carcassone.



Día 2. Carcassone-Cannes-Niza. Cannes y Niza son dos de las grandes ciudades de la Costa Azul francesa. Cannes, conocida sobre todo por el festival de cine y por el mítico Hotel Martínez, tiene además un casco antiguo que no te puedes perder. Niza y su Paseo de los Ingleses te conducirá al Casino y más tarde a la zona alta, desde la que disfrutarás de unas vistas espectaculares. En nuestro segundo día, y antes de llegar a Niza se nos estropeó el 206 y pensamos, con gran tristeza que nuestro viaje de 16 días se había reducido a 2. Sin tener ni idea de francés y siendo domingo a la hora de la comida, conseguimos entendernos con el mecánico. Logramos llegar a Niza, con la incertidumbre de si el coche arrancaría al día siguiente. Aún así, decidimos disfrutar de la tarde en Niza y saborear una cerveza con limón bien fresquita, cosa que la camarera no terminaba de comprender. Finalmente nos hizo una cerveza con zumo de limón. Tal cual.

 Días 3 y 4. Niza-Mónaco-Turín era el plan inicial, pero el coche nos la jugó y volvió a no querer arrancar. Tras llamar a la segunda grúa (y ser avisados de que sería la última para el resto del viaje), decidimos saltarnos Mónaco y llegar a Turín directamente, donde tenemos familia y sin duda iban a poder ayudarnos a poner el coche en orden. Una vez salvados los 300 km de Niza a Turín, salpicados con momentos de caída libre en el coche, luces apagadas en túneles y agujas del coche que decidían dejar de funcionar el cualquier momento, llegamos “a casa” y conseguimos relajarnos. Turín es una ciudad bien bonita. Tiene un poco de todo: grandes soportales, cafés con solera, pizzas enormes, esculturas, edificios míticos como la Mole Antonelliana que alberga el Museo del Cine. Y el Museo Egipcio, el más importante a nivel mundial después del Museo Egipcio del Cairo. También se puede ver la réplica de la Sábana Santa que se guarda en la Catedral de San Juan Bautista. Visitamos también Superga y disfrutamos de las vistas de la ciudad desde allí, al mismo tiempo que asistíamos con tristeza a los recuerdos de la tragedia de Superga. No te puedes ir de Turín sin disfrutar del aperitivo, que consiste en picar algo por la tarde. Y por picar algo digo que nos pusieron una bandeja enorme con al menos 27 platitos de comida, algo similar a nuestras tapas pero con estilo italiano. Nosotros lo tomamos en Norman, un café clásico, elegante y delicioso, en Via Pietro Micca 22 y que te recomiendo sin duda. Todo delicioso.


Día 5. Turín-Milán. Con pena por despedirnos de la familia, pero con ganas de seguir conociendo el país llegamos a Milán, con su majestuoso Duomo, una visita que no puedes perderte. Sólo con decir que se tardaron casi 160 años en construirla dice mucho del mimo y del detalle del que puedes disfrutar en esta visita. Su cubierta es sencillamente impresionante y podrías estar horas viendo cada una de sus esculturas y pensando por qué ya no se hacen obras de arte como esta. Imagínate cómo es de grande dicha cubierta que allí se organizan conciertos, con escenario y "patio de sillas". En Milán también es famoso el aperitivo y no deberías perderte el Roïalto, un lugar que si estuviese en Madrid creo que sería asidua. Al igual que en café Norman de Turín había gran variedad de platos, con la diferencia de que en Roïalto había diferentes barras, cada una de ellas con un tipo de comida: dulce, salado, parrilla... y podías ir a cada una de ellas las veces que quiseras. Al parecer ahora mismo Roïalto se está mudando, así que no puedo darte la dirección exacta. Milán es también la ciudad en la que he saboreado el mejor granizado de limón del mundo.


Día 6. Milán-Verona-Padua. Verona, la ciudad de Romeo y Julieta. Preciosas calles, el balcón de Julieta con representación incluida. Padua, ciudad universitaria con gran ambiente. Imprescindible la visita a la Piazza della Herbe, así como a la basílica de San Antonio de Padua y al caballero Gattamelata que preside su plaza. Nos quedamos 2 noches en Padua con la intención de viajar también dos días a Venezia en tren.



Días 7 y 8. Venezia, Murano y Burano. Lo dicho, desde nuestro alojamiento en Padua podíamos ir andando a la estación de tren y llegar a Santa Luzia, la estación de tren de Venezia, en menos de una hora. Venezia es una ciudad indescriptible, vista mil veces en la tele y en los libros y revisitas de viajes. Pero nada se asemeja a la experiencia de estar allí. El puente de los suspiros, la plaza y la catedral de San Marcos, el campanile, los gondoleros y su cadencia. Indispensable coger alguno de los barcos-bus que te llevan a través del Gran Canal para disfrutar de todos los palacios venezianos mientras la brisa te refresca. Sin duda Venezia es un sueño hecho realidad. Y una vez en Venezia no puedes perderte Murano y Burano, dos islas con gran encanto y también llenas de canales, casas de colores, riquísimos helados y un montón de recuerdos para comprar.


Días 9 y 10. Padua-Florencia. Florencia, otra de las grandes ciudades de Italia. Si sólo se tratase de ver el David de Miguel Ángel ya merecería la pena. Pero es que además tienes la catedral, el puente viejo y Piazzale Michelangelo, un mirador desde el que puedes disfrutar de la majestuosidad de Florencia. El plan inicial era estar 3 días en Florencia, pero si prescindes de ver museos y te gusta más callejear, como era nuestro caso, se nos quedaban largos. Así que decidimos usar el segundo día para visitar Roma. Y sí, vimos Roma en un día. Casi suena de película, pero estoy segura de que siempre recordaré la intensidad de conocer toda Roma comprimida en unas horas. Me quedé sobrecogida en el Panteón, admirada en el Coliseo, abrumada enfilando la entrada al Vaticano y divertida en la Boca de la Verita. Hasta hubo pizza en el Trastevere. Supongo que alguna vez volveré a Roma, por aquello de la moneda echada en la indescriptible Fontana de Trevi,  y veré las cosas con más calma, pero creo que esta ciudad bulliciosa encajó de maravilla con nuestra visita express.


Tras la visita a Roma, tocaba emprender el camino de vuelta. Quedaban 6 días por delante para disfrutar de la Toscana. No te pierdas la segunda parte de este viaje, donde te hablaré de lugares como Cinque Terre o Siena, lugares simplemente únicos, así como de alojamientos con encanto.

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