viernes, 23 de octubre de 2015

Viernes literario



Me recuerdo desde bien pequeña leyendo todo lo que caía por mis ojos: letreros, notas, hojas sueltas, por supuesto libros… recuerdo bien pequeña pasar por una carbonería en la que vendían carbón, según rezaba su letrero, y decir a mis padres, “hala, mira lo que ponen ahí…”. Obviamente había cambiado el orden de 2 letras y me pareció un gran pecado… jajaja. Desde entonces, y lógicamente, mi capacidad lectora ha mejorado a los niveles de cualquier persona normal, pero si una cosa me sigue pasando es que leo todo lo que pillo, aunque siempre sea menos de lo que me gustaría.

Como véis, hoy toca hablar de libros. En la vida real me resulta imposible vivir de las rentas, pero con mi blog parece que me pasa todo lo contrario, y aún tengo cosas del pasado verano por sacar a la luz. A post por semana me planto a finales de octubre, con el cambio de hora sobrevolando, y sigo teniendo temas veraniegos por contar.
 

Este verano me dio por el “revisterío”, me aprendí todo lo que le había pasado a los famosos cuyas vidas ignoro el resto del año. Me he leído todas las revistas dominicales que he logrado conseguir. Y hasta me he comprado la revista de estilo de marras para comprobar que la ropa que se supone es tendencia este otoño, por ahora no me gusta mucho.


Y por supuesto, leí libros. La primera parte de las vacaciones con devoción, dedicación y ansia. A medida que los planes crecían, decayó el tiempo, pero no por ello lo dejé de lado. Lecturas variadas, pero todas interesantes.


A petición “popular”, os cuento hoy qué leí este verano y qué me ha parecido. Para resumen de la prensa rosa, no contéis conmigo, ya lo he dejado…


Empecé por terminar El Secreto, que había comenzado antes de las vacaciones y antes de acabar otros libros y se me fue quedando sin leer. Este libro ha sido el primero de una serie de intercambios (espero) con una personita que tiene la capacidad de hacer que las personas miren a su interior y vean las cosas bonitas que hay ahí. ¡Gracias! Aunque me pareció una repetición incesante de contenido, es cierto que se basa fundamentalmente en hacer que se comprenda “el secreto”. Creo que el secreto no es mágico, pero es el punto de partida para conseguir las cosas que quieres. Lo primero de todo, ten claro lo que quieres, pídelo al universo, a continuación empieza a compórtate como si el universo te lo hubiese concedido y por último agradece y acéptalo. Mi punto de vista es que el universo no te va a dar las cosas así porque sí, pero si te focalizas en conseguir lo que deseas y actúas en consecuencia, es casi seguro que lo conseguirás.



Continué con Ve y pon un centinela, o lo que podría subtitularse “la caída de un mito”. He amado-odiado este libro a partes iguales. Imprescindibles todas esas páginas que vuelven a recorrer la infancia de Scout; momentos inquietantes en los que lo único que me apetecía era poder abrazar a esa niña; un noviazgo que no termina de convencerme y un retrato de un Atticus que todos desconocemos. Devoré el libro en el silencio de las siestas. Buscaba. Y hallé. Hallé muchas cosas que me gustaron y creo que en realidad los devotos del primer(-segundo libro) seguiríamos leyendo historias sobre esta familia sin parar. Pero no es fácil asumir que alguien a quien tienes mucho cariño (todo el cariño que se pueda tener a un personaje de ficción), no es quien creías que era. Imposible no sentir la traición a esa pobre Scout en las propias carnes. 



Para aligerar, consumí en 2 horas La vida es una verbena.Y lo volvería a hacer... Un libro con ilustraciones preciosas, que aporta una mirada fresca, realista y con sentido del humor sobre algunas de las cosas que pueblan nuestras cabezas de mujer.



Acabé con literatura húngara rodeada de coincidencias con El último encuentro. Reconozco que me ha costado. Entiendo que tiene una escritura cargada de matices, unos sentimientos muy pensados y muy desarrollados. Pero se me ha hecho pesado ese casi monólogo de una persona que recorre los últimos 41 años de su vida, cargados de soledad, de deseo de venganza, de lo que yo he acabado percibiendo como una muerte en vida… No obstante seguiré dando alguna que otra oportunidad a Sándor Márai.




A lo largo de todo esto, he seguido leyendo Alegría, de Osho, que me está costando horrores, pero como sabéis, me resulta imposible abandonar libros sin terminar. Lo leo a sorbitos, para descubrir si me iba a perder algo o no, pero sin dedicarle mucho tiempo ni mucho esfuerzo, lo reconozco.

 
Con el curso ya empezado y en una visita fugaz a la biblio pesqué al vuelo Aquella tarde dorada. Es que es ver un Libro del Asteroide y se me van los ojos. Es un idilio que empezó con ¡Melisande! ¿Qué son los sueños? y siguió (aunque bajando un poco la intensidad) con Canciones de amor a quemarropa. Pero a lo que vamos, Aquella tarde dorada me ha encantado. ¡Libro devorado! Cuenta la historia de una familia muy interesante, de manera serena, con una forma de describir a los personajes que me ha parecido espectacular, ya que llegas a captar la esencia de cada uno de ellos como si fueran personas de verdad. 


Y con la estantería de libros a la cola repleta y una lista bastante generosa para los Reyes Magos, me he embarcado en la lectura de un libro de 1200 páginas. A mi ritmo lector y bloguero, supongo que llegaré a fin de año sin otro post literario. Así que espero que hayáis disfrutado este repaso.

Y vosotros, ¿qué lectura os traéis entre manos? ¿Alguna recomendación?

domingo, 18 de octubre de 2015

Amigas y madres, preguntas y respuestas (III parte)

Tengo a mis amigas revolucionadas (para bien) este fin de semana, con esta serie de post en los que hemos hablado de ser madre, ser mujer y hoy, que hablaremos sobre cómo influye el factor trabajo a la hora de vivir nuestro día a día en familia.

Están emocionadas de leer por aquí sus opiniones y supongo que también de comprobar que los lazos invisibles que nos unes a las madres son tan poderosos. Porque cada una somos de una forma de ser distina, con gustos distintos, distintos sentidos del humor y prioridades distintas y cambiantes. Pero cuando se trata del bienestar de los nuestros, no escatimamos energías y convertimos sus necesidades en nuestra prioridad. ¿Quién de nosotras no ha ido con 2 horas de sueño a la oficina? ¿Quién no ha estado 3 horas en la sala de espera del médico después de una jornada laboral de 8 horas? ¿Quién no ha ido al parque cuando lo que verdaderamente le pedía el cuerpo era una siesta de 2 horas que compensara la mala noche? 

Allá vamos, el mundo de la madre trabajadora...


Pregunta: Si el equilibrio entre ser madre y mujer es como hablábamos en los días anteriores, incluir en ese tándem el factor "ser madre trabajadora", ¿qué produce? Cansancio en mayúsculas y una sensación de estar agotada permanentemente. Ansiedad de "madre ausente" en aquellos trabajos tan exigentes cuya jornada se alarga durante 12 o más horas. En el otro extremo, nuestra "mamá en casa", que no se siente ejemplo de madre trabajadora, pero que para las demás sí lo puede ser: volvió al mundo laboral y pocos meses después se dio cuenta de que, con una bebé de menos de un año, aún no había llegado el momento idóneo para el regreso y decidió volver a casa. También aparecen las insatisfacciones y el agobio por dedicar más tiempo al mundo laboral que al personal y familiar. Pero en el otro lado de esta balanza sin control, aparece la satisfacción, que se hace presente en aquellos días en que puedes con todo, y con nota. ¿Recordáis aquella balanza oscilando? Aquí no para...

Pregunta: ¿Ha cambiado tu relación con el trabajo o tu manera de percibir tu trabajo? ¿O por el contrario sigue siendo todo igual que antes de ser madre? Predomina la sensación de que algo ha cambiado. Ahora existe una prioridad más importante, y es la atención a los asuntos de los niños. Casi todas priorizamos sus necesidades, pero en aquellos casos en que el trabajo no permite la compatibilidad, ninguna dudamos en acudir a la reducción de jornada, a la recuperación de horas o en el caso más extremo, a la excedencia. Para todas el trabajo es muy importante, lo era antes del nacimiento de nuestros hijos y lo sigue siendo ahora. Me atrevo a decir que incluso ahora nos exigimos más, porque a veces salir antes que tus compañeros o faltar 2 días por una enfermedad, hace que sintamos que estamos en el punto de mira. Por otro lado, hemos aprendido a relativizar y a priorizar, no nos gusta que nadie juegue con nuestro tiempo en el trabajo o lo que antes nos parecía un caso horrible, sin solución o una amenaza laboral para nuestro puesto de trabajo, ahora lo miramos desde otro punto de vista: casi todo nos parece asumible, total, en el "mundo oficina" no corre peligro la integridad física de  nadie... bromas aparte... partiendo de la base de que nuestros trabajos nos gustan y queremos formar parte del mundo laboral, nos gustaría que existieran facilidades de sentido común sin tener que sentirnos culpables por tener hijos a los que atender.

Pregunta: ¿Identificas algún factor fundamental en tu vida que te ayude a conjugar estos tres roles? Si recordáis, en la primera entrada de esta serie mencionaba que la "pata pareja" había sido dejada fuera de mis intenciones conscientemente. Y que ella sóla había salido a relucir en respuesta a una de mis preguntas. Pues bien, aquí está. Todas y cada una de nosotras identifica a la pareja como el "factor fundamental" para que todo funcione. Aunque alguna también cuenta con los abuelos, la respuesta inmediata es: mi pareja. Queridos maridos, os necesitamos y adoramos a partes iguales. A pesar de que a menudo nos comportemos como lobas con nuestros niños o como directoras de orquesta exigentes.

Pregunta: El mejor momento del día para ti, como madre y mujer trabajadora, es...: un café con la pareja que nos regala una visita en algún momento de la jornada laboral, un café bien saboreado, irse a dormir con la satisfacción de todos los deberes cumplidos o, curiosamente, el fin de la jornada laboral.


Cuando, cada día acaba y los niños se duermen, empieza para muchas de las mujeres trabajadoras el momento de ocio a costa de nadie: los abuelos ya han cumplido, la pareja se ha turnado contigo para que puedas ir al gimnasio, ya no hay más puzzles que componer, no hay más facetas que conciliar. Sólo queda la propia vida por seguir siendo vivida.



Hoy quiero hacer una sóla conclusión a todo esto. Una conclusión mezclada con mi propia experiencia, con lo que me cuentan mis amigas, con mi propia opinión al verlas, con lo que veo a mi alrededor día a día en la oficina, en la puerta del cole y en el parque... El factor trabajo es el punto que nos da el equilibrio y nos lo quita. Porque nuestras carreras profesionales son importantes y nos dan la estabilidad económica y en muchos casos la valía personal que necesitamos sentir. Pero los horarios y la falta de facilidades para la atención a las familias en los momentos de "emergencias" nos dejan fuera de juego, haciéndonos sentir culpables en muchas ocasiones: cuando dejamos a los niños en el cole con una dosis de ibuprofeno para que no le suba la fiebre, cuando sentimos que donde mejor estaría nuestro hijo ese día es en casa, tumbado en el sofá y viendo una peli de dibujos mientras se queda dormido sin darse cuenta y así va mejorando poco a poco, cuando le recoges en la Escuela y te dicen que hoy caminó solo, que ya sabe ponerse el abrigo o que  hizo pis en el orinal por primera vez... Cuando se gradúa ¡¡¡con 3 años!!! en la Escuela Infantil y tú te conviertes en un mar de lágrimas felices y tristes, porquete preguntas que a dónde quedó tu bebé, que todo ha ido tan rápido que no te has dado ni cuenta... añadid al segundo hijo una velocidad de vértigo.

Movimientos como #concilia13f o la petición de change.org Por la ampliación de baja maternal me hacen volver a sentir lo que os contaba en el primer post de esta serie, que las mujeres uniendo fuerzas podemos llegar a donde nos propongamos. Ambos movimientos merecen un largo recorrido, y para su éxito no debería ser necesario apelar más que al sentido común. Pero así están las cosas.

Mucha veces las madres sentimos la injusticia de realizar una tarea nada valorada en esta sociedad. Cuando vuelves de una baja de maternidad hay quien se atreve a preguntarte: ¿qué tal estas vacaciones? Y entonces ya no sabes si gritar o llorar. Porque has estado 24 horas pendientes de ese bebé, pegado a tu pecho, durmiendo en los 10 cm de cama que el bebé te deja cuando no quiere estar sólo en su cuna, para dormir a saltos cada 2 o 3 horas. Porque no has podido en 16 semanas (que vuelvo a repetir, no llegan a 4 meses) ducharte sin depender de que alguien que cuide mientras a tu bebé... porque sí, tienen ese gran radar que les hace despertarse y llorar justo cuando te es imposible atenderle. 

Es la aventura de ser madre, ninguna la cambiaríamos. Todas la hemos disfrutado... sufrido y disfrutado. Posiblemente será una de las etapas de nuestra vida que recordemos con más cariño, porque las dificultades y los malos momentos se diluirán con el tiempo.  

Y por supuesto, a lo largo de todo lo que hemos hablado este fin de semana, creo que es justo aclarar que allí donde pone "madre" también aplica "padre". No siempre somos nosotras las que hacemos meriendas y recogemos del cole y llevamos al médico. Simplemente pone "madre" porque este fin de semana quería contaros cosas de mi vida y de las de mis amigas. Todas estaremos encantadas de leer tus comentarios al final de este post. 

sábado, 17 de octubre de 2015

Amigas y madres, preguntas y respuestas (II parte)

Tras la entrada de ayer, hoy seguimos hablando del "experimento" al que sometí a mis amigas y al que gustosamente respondieron, sigamos hablando de las cosas que opinan mis amigas...

El mundo mujer

Ser madre y querer seguir siendo mujer, supone un reto para todas. Entendamos por ser mujer seguir siendo una persona que tiene y cultiva inquietudes, amistades, tiempo para descansar o lo que a cada una colme de satisfacción. La escasez de tiempo asociada al cuidado y la educación de los hijos, complica sobre manera disfrutar de esos tiempos de mujer.

Pregunta: ¿Qué es eso a lo que no has renunciado como mujer desde que eres madre, aunque te cueste tiempo y esfuerzo seguir consiguiéndolo? Conservar la imagen personal como mujer destaca entre las respuestas a esta pregunta: el gimnasio, los cuidados corporales y seguir siendo "coqueta", parece que son renuncias a las que no estamos dispuestas. También es importante para nosotras mantener las relaciones con los amigos y la pareja, aunque se les dedique menos tiempo. Lo que antes eran cosas habituales del fin de semana, ahora son cosas que se hacen unas cuantas veces al año. Y en el terreno aficiones, asuntos como leer o tiempos de creatividad, son también cosas a las que nos cuesta renunciar.

Conclusión: me encanta tener amigas que no renuncian a su propia vida por el hecho de ser madres. ¡Bravo por ellas!

Pregunta: Por el contrario, ¿existe alguna renuncia importante a la que te gustaría volver en el primer momento que puedas? Tenemos una amiga muy estudianta, que se muere de ganas de volver a pasar por exámenes y todas esas cosas de la etapa universitaria que en el fondo nos generan tanto estrés. Vamos, ¡una valiente! Las demás tenemos inquietudes menos exigentes, como retomar relaciones de amistad, aparcadas no sólo por el hecho de ser madre, sino por las diversas responsabilidades del día a día. Nuestra "mamá en casa" renunció al trabajo temporalmente, y tiene ganas de retomar esa vida y compatibilizarla con el cuidado de su peque. Por lo demás, aplicable a casi todos los casos anteriores, para nosotras es importante la posibilidad de volver a poner en primer lugar nuestras inquietudes, que muchas veces se dejan al final de la lista, casi sin darnos cuenta. Pero como apunta otra de mis amigas, quizá no debieramos pensar si se trata de renuncias o de formas distintas de vivir la vida. 

Conclusión: a pesar de que identificamos alguna que otra renuncia, parece que no supone un peso excesivo para nuestra estabilidad como mujer. Todas tenemos perspectivas y no perdemos de vista nuestros intereses, por lo que estoy segura de que a corto o medio plazo pondremos en marcha muchas de ellas.

Pregunta: ¿Te ves mejor ahora o piensas que tu vida era mejor antes de ser madre? Para todas, ser madre, ha supuesto un antes y un después en nuestras vidas. El después, para todas, es mejor que el antes. Es decir, nos sentimos mucho mejor como mujeres, por unanimidad. Palabras como realizada, plena, completa o feliz por haber tenido la posibilidad de ser madres, pueblan las respuestas a esta pregunta. Es como haberse enfrentado a un reto y haber salido victoriosa, lo que hace que nos sintamos mucho más seguras. Es un reto al que nos seguimos enfrentando cada día, aprendiendo a cada paso y adquiriendo más soltura y experiencia como madre. Es curioso que a esta pregunta casi ninguna ha respondido por el aspecto físico y ha predominado la valoración de nuestra personalidad. Dos apuntes importantes: alguna me cuenta que podría haber llevado una vida igualmente plena sin la necesidad de tener hijos, aunque ahora que conoce a esas personitas ya no podría vivir sin ellas. Otra apunta al hecho de que quizá a una feminista le pueda parecer horrible esto de sentirse plena por el mero hecho de ser madre. Pero verlo de esa forma es simplificarlo: una no se siente más completa por haber traído un hijo al mundo, sino por la evolución que sigue a ese hecho. 

Conclusión: Madres futuras, no tengáis miedo por vuestra anhelada vida de madres, todo son ganancias. Eso sí, seguid disfrutando cada minuto de relax y despreocupación, porque tener hijos estresa.

Pregunta: Como mujer, el mejor momento del día es... Identificamos como mejores los momentos de silencio, lo que equivale a niños dormidos. Hablamos de momentos de soledad, pero también hay referencias a momentos de pareja: una cena tranquila o ver una peli en el salón de casa sabiendo que nadie te va a interrumpir. Como cuidarse sigue siendo una de esas cosas a las que no renunciamos más arriba, aquí salen también como los mejores momentos del día ese rato de gimnasio o esa ducha larga sin prisas. 

Conclusión: ¡ay! con qué poquito nos conformamos. A lo sumo 1 horita de tranquilidad al día, eso si no nos quedamos dormidas a los 15 minutos de haber empezado la peli. Eso sí, en los brazos de nuestro chico. Conclusión II: puede resultar difícil de digerir que para una mujer uno de los mejores momentos del día sea cuando los niños están dormidos. Pero sólo hay que pensar en la energía desbordante de nuestros hijos para echar a un lado esa sensación y darnos cuenta de que esos minutos de descanso son la recompensa a un día cargado de actividades y una necesidad para afrontar el siguiente día con fuerzas. 




Como dije un poco más arriba, tengo la suerte de tener amigas que consideran fundamental seguir teniendo sus parcelas de tiempo para sus cosas. Esto no es sólo maravilloso nosotras, sino un gran ejemplo para nuestros hijos y la única manera que concibo de seguir estando en el mundo que tenemos entre manos. Aunque para todas supone un esfuerzo, días de tira y afloja, de mas y menos ganas, intercalados con días de ganas de nada, es admirable que no perdamos de vista nuestras inquietudes y seamos capaces de sacar tiempo y ganas en nuestra vorágine del día a día.

viernes, 16 de octubre de 2015

Amigas y madres, preguntas y respuestas (I parte)



Durante las vacaciones veraniegas siempre da tiempo a pensar de todo un poco, y un día en que de repente tuve un sentimiento muy fuerte, decidí hacer unas cuantas preguntas a mis amigas, esas que también son madres. Amigas de hace muchos años, que pueblan mi vida y cuyas opiniones y vivencias son importantes para mi. 

Mi curiosidad mayor era ver en qué medida los sentimientos hacia nuestros hijos y nuestro interés por seguir siendo mujeres son universales o por el contrario, muy particulares.

No veía muy factible reunirlas para hablar de esto, ya sabéis: incompatibilidad de horarios, distancias... y que 8 o 9 mujeres hablando de sus hijos y sus vidas puede dar para horas... y sinceramente, metidos en ese ajo prefiero participar a estar tomando notas o moderando un debate infinito. Así que armé una especie de entrevista escrita, en la que agrupé las preguntas en 3 bloques: ser madre, ser mujer y ser madre-trabajadora. Realmente a este trío le faltaba una pata que decidí dejar a un ladito para no complicar en exceso el asunto. Pero esa pata, la pata de ser pareja acabó por salir ella solita, casi de manera unánime, en respuesta a una de mis preguntas.

Lo primero de todo, quiero dar las gracias a mis amigas. Vuestra respuesta me ha emocionado, por la rapidez algunas y por la sinceridad todas. Ser madre, en mi caso, ha supuesto también volverme una sensible y confieso que lloré (un poquito) leyendo lo que me contábais. Supongo que por proximidad emocional, por ese sentimiento de grandeza que a veces nos une a las mujeres, y que nos hace sentir que si uniéramos nuestras fuerzas por alguna causa seríamos capaces de lograrlo, y con ventaja. Como a veces decimos, ¡ay, si las mujeres gobernaran el mundo...!

Además de para el objetivo que me propuse, este ejercicio me ha servido para confirmar cuánto conozco a mis amigas-madre. Según iba escribiendo mis preguntas, se me venían a la cabeza algunas de sus posibles respuestas y al recibir las reales en algunos casos comprobé que había acertado: la salud de los niños, los momentos de cuidarse una misma, volver a estudiar... vamos, que no os conozco tan mal...

Como mis amigas "rajan" mucho y me sale un post muy largo, lo voy a dividir en 3 partes, para que no os canséis de nosotras. Hoy hablaremos sobre El mundo madre, mañana sábado sobre El mundo mujer y el domingo sobre El mundo mujer-madre-trabajadora.

Por último, y antes de pasar a la chicha de lo que nos contamos entre todas, os diré que la conclusión unánime es que nuestras vidas no eran mejores antes de ser madres, ni peor ahora que hay niños por las casas. Simplemente nuestras vidas son distintas. 

El mundo madre
Pregunta: El equilibrio entre ser madre y mujer, ¿es imposible o tenemos esperanza? A todas nos queda esa esperanza, aunque siempre desde la perspectiva de que el equilibrio absoluto es una misión imposible. Tendemos a pensar que oscilaremos toda la vida entre ambos aspectos y parece no importarnos demasiado a ninguna, ya que sabemos que la inclinación excesiva de la balanza hacia la maternidad en los primeros momentos es una cuestión pasajera. Algunas albergan la esperanza de que esa balanza se incline hacia la zona madre cuando los niños sean menos dependientes, mientras que otras opinan que esa balanza como tal no existe y que ambos aspectos se entremezclan continuamente, incluso cuando te propones una tarde de "mujer" y vuelves a casa con mil compras para tus hijos. 

Como conclusión: mejor tener un buen sentido del equilibrio, que equilibrio en sí mismo.

Pregunta: ¿Me dirías cual es la mayor culpabilidad que sientes desde que eres madre? El factor "tiempo" es clave en esta serie de respuestas. Mientras que alguna se siente culpable por querer pasar tiempo sin sus hijos, la mayoría se siente culpable por pasar poco tiempo con ellos o tener una dedicación considerada como poca: que si no jugamos con ellos, que si no atendemos a sus pequeños logros diarios con plena atención. La educación también hace acto de presencia en las culpabilidades, y es que las mujeres, a pesar de dejarnos la piel en el cuidado y la educación de los hijos, dudamos, parece ser que casi continuamente, de si estamos haciendo las cosas bien.
Tan sólo una de nosotras no se siente culpable por nada, curiosamente, aquella que decidió aparcar temporalmente su trabajo para dedicar todo su tiempo a la crianza de su bebé.

Conclusión: parece que no nos creemos mucho lo de "tiempo de calidad" y preferiríamos contar con días de 30 horas y energía ilimitada para formar parte de cada uno de los momentos de sus vidas. Conclusión II: seguro que nuestros hijos no perciben todo ese entramado emocional y pensarán que somos las mejores mamás del mundo, así que... fuera culpabilidades y arriba los momentos disfrutones!!! Conclusión III: las madres queremos pasar tiempo con nuestros hijos, la baja de maternidad es claramente un tiempo ridículamente insuficiente, y a todas las que nos incorporamos tras las 16 semanas (que no son 4 meses) nos quedará, posiblemente, la sensación eterna de que nos separamos demasiado pronto de nuestros bebés para lanzarlos al mundo.

Pregunta: ¿Y el mayor disfrute? Unanimidad amorosa, nuestros hijos nos llenan de amor por todo lo siguiente: las risas, los besos, los abrazos, ver cómo crecen, que te digan te quiero, su mera existencia, verles dormir, jugar y su olor inconfundible.

Conclusión: ser madre es el amor en el estado más puro y más inquebrantable.

Pregunta: ¿Cuál es la mayor preocupación que tienes sobre tus hijos? La salud y la felicidad son las mayores preocupaciones que albergamos sobre la vida de nuestros hijos. Cuando los niños empiezan a ser más mayores parece que nos preocupa su formación académica y que sean buenas personas.

Conclusión: parece que nos preocupan justamente las cosas sobre las que es imposible que tengamos control directo. 

Pregunta: Como madre, ¿cuál es el mejor momento del día? El momento del cuento, el reencuentro a la salida del colegio, el momento de despertarse por la mañana y llenarse de besitos tras toda una noche de sueño reparador.

Conclusión: los mejores momentos del día que guardan relación con nuestros hijos, son aquellos en los que nuestra atención hacia ellos es plena, sin distracciones, momentos llenos de besos, abrazos y cosas compartidas.




Como conclusión final al hecho de ser madre, lo que me queda clarísimo, es que todas estamos encantadas de ser madres y no cambiaríamos a nuestros hijos por nada del mundo. 

Te espero mañana para seguir hablando sobre como seguir siendo mujer, a la vez que madre.

viernes, 9 de octubre de 2015

Libros infantiles: 4 recomendaciones

Dicen que un niño lector nace en el regazo de un padre/madre lector, que los niños leen si los padres leen... Si bien mis hijos me ven pocas veces leer debido a que cuando aprovecho para hacerlo ellos ya suelen estar dormidos, sí que trato de acercarles a los libros todo lo que puedo. No por impostura, o por algo debido, sino más bien por propio placer. Como os he contado en alguna ocasión, como cuando os hablé del El Salto, a veces una se encuentra verdaderas lecciones o se reencuentra con la esencia de las cosas. Un libro infantil de 10 o 12 páginas puede darnos cosas que pensar, si estamos dispuestos.

Hoy vengo a mostraros las últimas adquisiciones que hemos traído a casa.


Cada uno con su propia historia de "adopción" particular. Poneos cómodos.

Empecemos por una adaptación de Alicia en el País de las Maravillas, para la pequeña de la casa.


Un pequeño libro de hojas gruesas de cartón, con alguna que otra solapa y desplegables. Tan sencillo como para aprender con 2 años que Alicia, siguiendo a un conejo blanco, cayó por una gruta, donde había una pócima que decía Bébeme y un pastelillo que decía Cómeme; una merienda un poco loca con un lirón durmiendo de cualquier manera, y un partido de cricket donde la bola es un erizo y donde hay naipes que pintan las rosas de los árboles... ¿Por qué? Porque en el País de las Maravillas todo es posible.

A mi niña le fascina abrir solapas y ver cómo Alicia de repente es pequeña, o accionar la que hace caer a Alicia. Además de ser uno de mis cuentos favoritos, a mi me encanta la tremenda mesa de merienda, con todo tipo de tartas, pasteles, tacitas y teteras.

Seguimos con Pequeño Azul y Pequeño Amarillo, que ha venido a casa por el cumple del mayor, que ahora que tiene 5 años no para de decir "cuando yo era pequeño" y más de una vez en las últimas semanas recordaba ¿"mama, te acuerdas de Pequeño azul y pequeño amarillo,ese libro de colores de cuando yo era pequeño"? Para casa que se vino.


Es un libro que leían en el colegio desde primero de infantil y nos cuenta la historia de dos amigos que se llevan fenomenal y pasan mucho tiempo juntos. Tan juntos que acaban por mezclarse.

A casa se vino Salvaje. Le eché el ojo en la Fnac, ¡¡qué preciosura de portada!!, pensé. Abrí el libro y me encantó. Fue a la wish list a saber hasta cuando... hasta que dos días más tarde Boolino me envió un correo con la caja que tocaba el mes de Septiembre... y ahí estaba, era la caja de Salvaje


Gracias a la cual, hemos tenido todo el mes de Septiembre la habitación de los niños convertida en un bosque al que sólo se podía acceder si atravesábamos las espesas lianas que colgaban de su puerta. 

Me encanta Salvaje, me enamoran sus enormes ojos redondos y su pelo verde salpicado de florecillas. Paula se ha aprendido el cuento prácticamente de memoria y me encanta dejarle para ella la parte de "etaba hata" (estaba harta). Cuento infantil con mensaje "No se puede domar algo tan felizmente salvaje". Que a veces no encajamos en el mundo "normal" es bien sabido. Y si intentan cambiar completamente tu esencia, claramente será un fracaso.

Y para finalizar, un libro para niños un pelín más mayores. También de la mano de Boolino, pero esta vez de manera gratuita, he recibido el cómic de aventuras Los desiertos del Norte.


Narra el viaje de Manuel, que acompañado de Charles, realizará un emocionante viaje al acabar el curso, cuyo último objetivo es reencontrarse con sus padres que han tenido que emigrar de Perú a Australia en busca de una vida mejor. Con Manuel y Charles, además de realizar un largo trayecto en tren, autobús, en coche, a pie e incluso ¡¡en camello", viviremos la transformación de la amistad de los dos viajeros, la emoción de hacer amigos durante el camino o la tristeza de tener que despedirse de ellos cuando el camino les va separando. Y como no, el emotivo momento del reencuentro y el inicio de una nueva vida para el protagonista.

Si queréis más información sobre este cómic, podéis verla aquí.

jueves, 1 de octubre de 2015

Llegando a fin de mes



Septiembre ha pasado rápido como un tren de alta velocidad, pero pesadamente, como una locomotora a vapor. Cada uno de sus días, como vagones, todos muy parecidos, pero todos con historias distintas. Ha sido casi imposible alcanzar la, a veces, añorada rutina. 


La depresión post vacacional ha sido especialmente demoledora este año, y literalmente me veía incapaz de afrontar un curso entero en el trabajo. Sólo me faltaba agarrarme por las mañanas a la pata de la cama y llorar como un niño “no quiero irrrrrr”. Pero como el tiempo todo lo pone en su sitio, ha quedado demostrado que volver al trabajo no era para tanto y poco a poco todo vuelve a estar en su sitio.


Además de para superar la depre, Septiembre ha servido para preparar la vuelta al cole, celebrar los cumples del verano, rondas de médicos, nuevas extraescolares, noticias excepcionales de amigas lejanas, comidas y sobremesas agradables con amigos y paseos por Madrid (yujuuuu!!).


En este último apartado, dos descubrimientos relacionados con los productores de Madrid: el mercado de Puerta del Ángel, donde comprar fruta (que sabe a fruta) y verdura fresca, productos bio, artesanos… y picoteo. Y Big Food, en el Matadero, donde te reencuentras con los mismos productores, pero además hay casi 100 puestos donde degustar comida y bebida, todo excepcionalmente rico. Aún resuenan en mi paladar las croquetas de las Cremositas o los adictivos y exquisitos manolitos


Y un tercer paseo que nos llevó hasta el Mercado de Motores, al que tenía tantas ganas de ir.

Todos estos planes por Madrid muy recomendables y que se repiten mensualmente, así que si tenéis oportunidad, nunca está de más darse un paseíto.
Llegué a Septiembre sin un plan concreto y una vez visto su final, observo que lo he pasado inmersa en el hecho de ir viviendo cada día, sin muchas pretensiones: trabajar y ponerme al día tras la vuelta de las vacaciones, la tarde de parque, las cosas de casa y manejar los imprevistos. Me he ido dejando llevar, como en una especie de astenia otoñal. Pero no entendáis esto como el cierre de un mes triste o echado a perder, a pesar de que algunas asignaturas han quedado claramente suspendidas. Pero desde la perspectiva de otros años, en los que Septiembre era la revolución de poner la vida patas arriba y añadir un nuevo comienzo, este Septiembre ha sido un “slow september”. 
 
Y en esta dicotomía que me caracteriza, creo que me gusta ese aspecto apacible, siempre que de vez en cuando se inmiscuyan planes imprevistos y ganas de hacer cosas nuevas.



Y antes de despedirme por hoy, os aviso que en los próximos días tengo muchas cosas que contaros, ideas que nacieron en agosto y que darán sus frutos en octubre: os contaré las lecturas del verano y dado el retraso con el que voy, incluiré las primeras lecturas de otoño (la que tengo entre manos me tiene realmente enganchada); os contaré que tenía muchas ganas de saber qué opinaban mis amigas sobre el hecho de ser madre y mujer trabajadora, conversaciones que nunca da tiempo a tener y que como no quería quedarme con las ganas, se lo planteé en forma de entrevista escrita. Puede ser el primer tema de unos cuantos, ya que a todas nos ha gustado la experiencia. Tengo pendiente la reseña del último libro que me ha regalado Boolino, Los desiertos del Norte. Y os contaré mis planes para el curso 2015-2016, quizá los pájaros de mi cabeza y a lo mejor me dejo llevar por el pensamiento de que Nothing Gold Can Stay.

Ahí lo dejo...
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