domingo, 24 de julio de 2016

Polos de chocolate, receta para moldes Zoku



Cuando comenzó la temporada de piscina, con muchas ganas y ávidos de veraneo, tratábamos de estar en remojo a primera hora de la tarde. Pasadas unas semanas, más de 2 horas en la piscina se me hacen largas, así que en los últimos días trato de hacer actividades con los niños en el rato que queda entre la merienda y la piscina: plasti, colorear mandalas, cocinar… 

La primera receta con la que nos hemos estrenado este verano en la cocina a 4 manos (casi 6 manos, con el caos que eso supone) han sido unos polos de chocolate. A mi hijo mayor le chifla cocinar, y siempre me dice que estoy por la cocina me dice que me quiere ayudar. A los niños les encanta cocinar, soy consciente que no es sólo un tema de mi hijo. Les encanta trastear, mezclar, pringarse… recuerdo cuando era pequeña y suplicaba a mi madre que hiciésemos un bizcocho, más que por comerlo después, por el hecho de estar mezclando ingredientes y enguarrinando.

Los Reyes Magos trajeron al peque unos moldes para polos de Zoku, de la tienda Claudia & Julia. Cinco de ellos tienen forma de cohete espacial, y otro de astronauta. A estas alturas del año tan sólo los hemos usado dos veces, pero después del éxito que han tenido los polos de la receta de hoy, creo que van a tener un largo verano de trabajo. 


La receta está inspirada en esta del año pasado del blog Cocinando entre olivos. La escasa diferencia está en que nosotros los hemos hecho con la Thermomix y hemos puesto algo menos de azúcar. Por lo que os dejo aquí su enlace y de paso nuestro agradecimiento por compartir la receta, porque los polos están de vicio.



Ingredientes:
125 gramos de chocolate de postres sin azúcar
500 ml de leche semidesnatada
50 gr de azúcar
15 gr de maicena
A nosotros nos han salido preparado para rellenar los 6 polos y nos sobró para rellenar 4 tarrinas pequeñas.

Elaboración:
En una taza mezclamos la maicena con un poquito de leche. Esto lo fue haciendo el peque, mientras yo organizaba el resto de ingredientes y bártulos.

Ponemos en la Thermomix la leche, el azúcar y el chocolate en trozos. 

Programamos 7 minutos, 90º, velocidad 5. Al principio sostendremos el cubilete con cuidado, ya que al trocear el chocolate, salta, y el cubilete puede salir de su sitio. 

A los 5 minutos de los 7 programados y con mucho cuidado, subimos un poco el cubilete y vertemos la mezcla de leche con maicena que habíamos reservado. Dejamos que siga mezclando los dos minutos restantes.

Repartimos la mezcla en los moldes y esperamos unos minutos para que la mezcla pierda algo de temperatura antes de colocar los palitos. Cuando veamos que ya no están calientes, los podremos llevar al congelador. 

Y esperaremos unas cuantas horas (si es un día completo, mejor) para poder deleitarnos con nuestra creación.

Si os animáis, espero que los disfrutéis.

viernes, 15 de julio de 2016

La historia interminable



A principios de curso decidí comenzar a leer a mis hijos La historia interminable, de Michael Ende. Tenía ganas de releerla, pasar parte del curso acompañada de Bastián, Atreyu y Fújur. A pesar de que yo debí leerla sobre los 12 o 13 años, pensé que con 5 años recién cumplidos mi hijo ya estaba preparado para disfrutar de esta aventura. Y sobre todo tenía ganas de experimentar con él el proceso de leer un libro y ver después la película. Se lo hice saber desde el principio: “este libro tiene una peli, y cuando terminemos de leerlo entero, la veremos”.

Nuestra historia interminable ha durado 8 meses. Por las noches caen redondos a la segunda página y así no hay quien avance. Aunque visto ahora, hasta me parece poco tiempo. Algunas noches, y en los capítulos más farragosos, yo seguía leyendo aunque estuviesen dormidos, por ir avanzando, y al día siguiente les hacía un poco de resumen. También hemos tenido entre medias alguna época de parón. 



La Historia Interminable, leída con ojos de adulto, ofrece muchísimo más de lo que recordaba. Para mis hijos, ha sido la historia en la que Bastián ve cosas que nunca había visto, vive con dragones y seres fantásticos, salva a la Emperatriz infantil y su mundo, y vuelve a casa. Pero yo ahora he entendido la metáfora y he disfrutado muchos matices. Bastián es ese niño soñador, ávido lector y gordito que no encaja en el cole. Tiene un mundo interior maravilloso, lleno de historias y personajes. Un niño que lucha porque Fantasía, su mundo más preciado, no desaparezca bajo la racionalidad de los mayores, que no desaparezca simplemente porque nos hacemos mayores. ¿Y cómo hacer que Fantasía no desaparezca nunca? Derrochando, en todo momento, más fantasía sobre ella.

El Reino de Fantasía de vez en cuando y en un bucle infinito, está en peligro, y en esta ocasión es Bastián el elegido para salvarla. Otros humanos pasaron antes por ahí y también la salvaron. Pero Fantasía necesita ilusión e imaginación cada día para seguir viviendo y creciendo. Aquellos que en cada ocasión la defienden inevitablemente crecen, se olvidan de lo importante, a menudo enloquecen… y por tanto, Fantasía se va apagando, dejando lugar a la Nada. 

La Historia Interminable es esa historia que se cuenta a sí misma, dentro de sí misma, siempre hay alguien salvándola, siempre hay alguien leyendo esa salvación, siempre hay alguien escribiéndola. 

Me ha encantado releer esta historia. Me confirma que a veces releer no es perder el tiempo, sino encontrar algo que no fuimos capaces de comprender antes: bella metáfora de lo que supone crecer; Bastian, ese niño que quizá algún día fuimos y no supimos defender tan apasionadamente como él sí sabe hacer; Bastian, esos niños soñadores que tenemos entre manos y a los que no deberíamos cortar las alas.


En cuanto a ellos, mis pacientes oyentes, habitualmente tenían ganas de seguir avanzando en la lectura. La primera parte del libro es bastante asequible para niños de su edad, ya que se centra en un mundo fantástico bastante tangible: seres fantásticos, niños valientes, una búsqueda, un mundo que salvar... Pero cuando Bastián entra en el mundo de fantasía todo se vuelve un poco más metafórico y las historias, aunque siguen estando dentro de un orden de seres fantásticos, se vuelven mucho más enrevesadas, hasta el punto de encontrar algunas, como la de la ciudad en la que viven todos aquellos que no lograron salir de fantasía, que directamente creo que no comprendieron. 

Les ha encantado la letra capitular que inicia cada episodio en orden alfabético. Les gustaba mirar los seres que las adornan, pues sabían que antes o después esos personajes acabarían saliendo en el desarrollo del episodio. 

Y también les gustaba mucho el cambio de color en la tipografía. Y puesto que ellos no solían estar mirando el libro (aunque muy a menudo me pedían mirarlo), yo les iba diciendo dónde estabamos en cada momento, si en la realidad o en la fantasía, con un "ahora vamos con Bastián" o "ahora vamos con Atreyu".

Esas frases, para mi asombro, han formado parte de los juegos de mi hija de 3 años durante un tiempo y la he visto, con mis ojos saliendo de las órbitas, repetirselas a sus muñecas. Para el niño los pasajes que más preguntas e interés suscitaron fueron los relativos a las tres puertas que Atreyu debe cruzar en su búsqueda del salvador de Fantasía. Y de igual manera he comprobado que las esfinges siguen permaneciendo en su recuerdo. Lo que me confirma que para ellos la experiencia también ha merecido la pena y que han escuchado con bastante atención la lectura del libro.

La cita: Bastián no quería ser ya el más grande, el más fuerte o el más inteligente. Todo eso lo había superado. Deseaba ser querido como era, bueno o malo, hermoso o feo, listo o tonto, con todos sus defectos... o precisamente por ellos.
 
La peli nos gustó a todos: a los mayores por volver a ver una peli de nuestra infancia, a los niños porque veían cosas que antes habían imaginado, personajes que conocían, y momentos especiales como cuando fantasía vuelve a brotar de un grano de arena. A menudo, y ya pasado un tiempo, me relatan el que parece que ha sido su momento favorito: aquel en que la Vetusta Morla estornuda repetidamente y lanza a Atreyu al suelo, dejándole enfangado.

Sin duda, a todos nos ha gustado esta pequeña aventura. Y por ver si repetimos con éxito, ahora estamos leyendo El Principito, algo más corto, a ver si de aquí a las vacaciones nos da tiempo. 
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